Suizos con nata

Los neolistos.

81 comentarios

Paradojas de una probable imposible victoria del ex de Ségolène

Hace días que algunos comentaristas avisan del asunto: si ganara la presidencia francesa el ex de Ségoléne  (ella tenía la personalidad y él la barriga), esa sole meuniére, a la que han apodado flanby,  podría ser paradójicamente, un aliado de nuestro Rajoy en la oposición a la inflexible austeridad impuesta por Alemania; al menos, a la hora de encontrar un poquito de comprensión cuando se vea -más claramente- que no podremos cumplir el objetivo de déficit.

Algún editorial abunda en esa hipótesis y también transita por esa ruta nuestro coproprietario (del blog) José García Domínguez en Au revoir Merkozy   .(Y para escándalo de ciertos lectores que muestran ante el pensamiento divergente  pulsiones de rechazo similares a las que caracterizan, en condiciones semejantes,  a  la  izquierda más sectaria). 

De vuelta a la sole meuniere, yo tengo una  impresión contraria, no sólo al hombre Hollande sino a lo que pueda hacer por Uropa.  Creo que,  caso de arribar, Dios no lo quiera,  al Palacio del Elíseo el padre de los cuatro hijos de Ségolène,  no plantará  cara a la señora Merkel ni mucho menos al BCE ni tampoco abrirá la puerta a ningún cambio de paradigma en la política de la eurozona. Dónde podrá enredar será en Francia. Y  si el socialismo francés vuelve por donde solía, y Hollande aplica el programa de gasto público que ha defendido en campaña, podria llegar a ser, involuntariamente,  un aliado de Rajoy. Don Mariano estaría en condiciones de devolverle  la pelota a Sarkozy: “Fíjense cómo están dejando Francia los socialistas”. Y Rubalcaba, hoy, felicitándose.

115 comentarios

Stanley Payne sobre el holocausto de Preston

En The Wall Street Journal (20-22 abril), bajo el título The History War, una muy recomendable reseña del hispanista Stanley G. Payne sobre “El holocausto español” de Paul Preston. Con envidiable capacidad de síntesis, Payne expone lo primordial sobre la Guerra Civil, la “memoria histórica” y el libro de Preston, del que elogia algunos aspectos, aunque concluye que por reproducir “algunos de los más añosos estereotipos sobre la guerra civil española”, debe de considerarse un intento malogrado.

Algunos fragmentos (en traducción exprés de la casa), que abro con el primer párrafo del artículo:

La historia de la guerra se centraba tradicionalmente en el papel de los héroes. Pero a finales del siglo XX, emergió  una nueva cultura que puso el acento en las víctimas. Ello ha alentado una nueva  aproximación a la historia que ha afectado a diversas épocas y conflictos. Uno de los lugares donde ese enfoque ha tenido efectos profundos es España. Su guerra civil  de 1936-39 fue truculenta, aunque no tanto en lo que se refiere a los combates, pues fue un conflicto de baja intensidad,  de potencia de fuego limitada,  que produjo no mucho más de 175.000 víctimas de combates. Pero la fuerte represión política fue típica de las guerras civiles europeas revolucionarias-contrarrevolucionarias de la época. Hubo probablemente 120.000 ejecuciones en ambos bandos, seguidas por una prolongada serie de represalias una vez finalizada la guerra.

[...] La batalla propagandística movilizó a partidarios en toda Europa y en las Américas. Los que apoyaban a los generales definieron la causa Nacional como una lucha contra el comunismo en nombre de la civilización occidental y cristiana. Los que estaban a favor de los revolucionarios Republicanos la definieron como una guerra de la democracia contra el fascismo. La lucha por “etiquetar” (“frame”) el conflicto continuó durante décadas.

[...] Durante la guerra y justo después los Nacionales y los Republicanos prestaron mucha atención a los héroes. Pero en el siglo XXI han preferido subrayar cuánto sufrieron a manos del bando opuesto. Ello conduciría, en 2006, en el 70 aniversario del comienzo de la guerra, a la curiosa “guerra de las esquelas” en los periódicos españoles.

[...] Eso representaba una novedad en la España democrática. Los líderes de la transición que tuvo lugar tras la muerte de Franco [...] crearon la primera democracia estable en la historia del país. Llegaron al acuerdo de dejar la historia en manos de los historiadores y de que los funestos sucesos del pasado no se invocaran con propósitos partidistas.

[...]Tal estado de cosas duró aproximadamente 15 años, hasta que el gobierno socialista de Felipe González vio en peligro su reelección en 1993. Para hacer campaña [...] alertó de que si era elegido el conservador Partido Popular, el “franquismo” regresaría. [...]

La debilidad electoral animó a la izquierda española a buscar justificación en la historia. Reforzado por la nueva cultura internacional de la victimización, emergió  un movimiento por la  “memoria histórica” que alegaba que la guerra civil y los crímenes de Franco se habían  ignorado. (No mostró ningún interés en los crímenes de los revolucionarios.)  El movimiento ha sido a la vez Jekyll y Hyde. [...] [Desarrolló] una labor encomiable en términos de historia y humanitarismo, pero también ha politizado el trabajo histórico, en ocasiones hasta el punto de la histeria.

[...]Los socialistas recuperaron el poder en 2004 y en 2007 aprobaron una ley de Memoria Histórica que daba una suerte de interpretación oficial de la Guerra Civil. Los revolucionarios contrarios a Franco habían luchado por la “democracia” y no por sus utopías revolucionarias. [...]

“El holocausto español”, de Paul Preston es la primera gran contribución de un historiador no español a estas batallas. [...] Su último libro -al contrario que la mayoría de los libros en español- tiene el mérito de estudiar en detalle las atrocidades cometidas por los dos bandos. Su interpretación, sin embargo, no es imparcial. [...]

A pesar de todo ello [las aportaciones] “El holocausto español” se encuentra lastrado por una vieja perspectiva de la izquierda según la cual las atrocidades cometidas por los Republicanos fueron al menos parcialmente disculpables al haber sido perpetradas por “incontrolados”, sobre todo anarquistas, y no ser parte de una política central; mientras que los crímenes de los franquistas se consideran resultado de una planificación centralizada. [...]

[Preston] no ofrece prueba alguna de un plan de “anqiuilación”, “exterminio”, “genocidio” u “holocausto, por emplear sus términos favoritos. Está claro que los franquistas causaron más víctimas que sus oponentes. En tales conflictos, los ganadores siempre matan más. Pero el tribunal militar especial que creó Franco hacia finales de 1936 para purgar de republicanos las zonas que iba ocupando, examinó más de 30.000 casos en los dos años siguientes y rechazó la mitad de ellos. [...]

[...] Preston es incapaz de explicar cómo fue posible que  al término de ese “holocausto” o política de “exterminio”,   varios años después de la guerra, la mayoría de la [gente de la] izquierda derrotada siguiera viva. [...] Que no hubo un verdadero “holocausto” lo prueba el censo de 1940, que muestra que el crecimiento demográfico no se vio seriamente afectado por los acontecimientos de la década anterior. [...] Y los datos [de aquel censo]  concuerdan con el censo de 1950.

[...] Franco siguió la política de los vencederos en las guerras civiles durante la mayor parte de la historia: matar a los líderes y principales activistas del otro bando, y dejar en paz  al grueso de la gente de a pie.  

El sr. Preston declara que uno de sus objetivos primordiales era situar las represiones en una más amplia perspectiva, pero aquí su fracaso es absoluto. No hay el más mínimo intento por comparar las atrocidades cometidas en España con las de otras guerras civiles de principios del siglo XX en Europa. [...]

La literatura sobre atrocidades es ahora enormemente popular y recibe un aplauso casi unánime, pero un historiador tiene la responsabilidad de situar tales asuntos en una perspectiva crítica. “El holocausto español” es un ejercicio monumental, que presenta una gran cantidad de datos e investigaciones, pero que reproduce también algunos de los estereotipos más añosos sobre la guerra civil española. Debe considerarse como un proyecto fracasado.

 

39 comentarios

Más gente en Babia

Creo que, aparte del Rey, tenemos a mucha más gente en Babia. Por señalar, los que creen que Argentina será castigada por esa vulneración de la ley y de la propiedad privada que ha practicado su gobierno con Repsol, y que los inversores extranjeros no querrán meter un duro alli por miedo a que les pase lo mismo. Lo siento, pero no me lo creo. Hay mucho pirata en el mundo real y, ahora mismo,  todos ellos, incluidos los que llevan bandera respetable, están al acecho para  sacar tajada del expolio de Repsol y  ocupar posiciones en el nuevo escenario.   Dijo el ministro que Argentina se ha pegado un tiro en el pie.  Me temo que no es así, aunque haya que decirlo.  El gobierno de Argentina le ha metido un tiro a una gran empresa española y, por extensión, a España. No sé en qué parte del cuerpo ni me importa. Pero, claro, no vayamos a una “cruda confrontación nacionalista” (v. El País), ni tomemos represalias comerciales, como hacen todas las naciones del mundo real para defender  a “sus” multinacionales. Sigamos en Babia.

***

Santiago González hace hoy en su blog una aportación clarividente que corrobora mi intuición sobre los cocodrilos en la comparación con los elefantes:

 ”Siempre me pregunté por qué nos ha influido tanto el animalismo de Tarzán y las pautas de Disney. Si se fijan, sólo nos conmueve, como a [Maruja] Torres, la muerte de los mamíferos. En todas las películas de Tarzán hay una pelea a muerte del hombre mono con un cocodrilo. Para salvar a Jane, para salvar a Boy, o también en peligro de muerte y si se había de comulgar. Pero al cocodrilo, animal de sangre fría, que lo vayan dando. No sé si ustedes se fijarían, pero el pobre cocodrilo era el mismo en todas las películas.”

***

A propósito de mi columna sobre el rey asesino de peluches, hay algún lector que me cree favorable a la caza -a sangre fría- del elefante. No, mire, yo es que soy contraria a la caza de toda la vida, pero sin privilegiados ni discriminaciones. Todos los animalitos me son igual de maravillosos y me resisto a que los maten. He sido vegetariana por ello durante muchos años. Pero reconozco que es una sentimentalidad, una sensibilidad ñoña de urbanita, y que el mundo real, en fin, es otra cosa.

118 comentarios

La daga…

…de Cristina.

95 comentarios