La dificultad de la conversación política

Desde que tengo recuerdo de ello, en España es difícil conversar sobre política (o algo parecido). Una conversación de ese tipo la echan a perder  enseguida o bien la entrañable empanada y la enervante dispersión, o bien la aparición del sabe-lo todo, del mandón y la mandona, y con ellos, porque vienen de la mano,  el forofo y el hooligan, que  son los especímenes más frecuentes en la charla sobre política. Y no es que sean refractarios al argumento: es que no entienden lo que no han oído (y repetido ellos mismos) muchas veces. El problema de la conversación es que no hay modo de llevarla a cabo  sin interlocutor. Un interlocutor no es alguien que piense lo mismo: es alguien dispuesto a pensar conjuntamente.

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¿Autonomía sólo para tres? (EN VLCNews)

Miguel Sebastián, ex cerebro económico de Zapatero y ex ministro, más conocido por prescindir de la corbata en verano para ahorrar en aire acondicionado, ha propuesto acabar con el café para todos y reducir a tres las autonomías. Esta idea viene circulando, y tanto por la izquierda como por la derecha, con ínfulas de gran remedio para grandes males, como si fuera a corregir un grave error histórico.

En realidad, el propósito que anima a quienes la suscriben es más rastrero a la vez que más quimérico: darle acomodo a la exigencia de “singularidad” de los nacionalistas más quejicas, latosos y rupturistas.

(Continuar lectura: http://vlcnews.es/2014/opinion/autonomia-solo-para-tres/ )

 

 

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Miguel Sebastián y el café para tres

La obsesión por calmar la pataleta del nacionalismo catalán dándole algún juguete más, a ver si se entretiene, se junta a menudo con la obsesión por encontrar  y corregir un único y garrafal error primigenio que habría provocado  los males actuales.

Fruto de ambas pulsiones es, singularmente,  la idea de acabar con el “café para todos” y dejar las autonomías reducidas a las tres llamadas “históricas” (aunque luego otras se apuntaron ese título). Para ser más precisos, reducirlas a las tres que vieron aprobados estatutos de autonomía bajo la II República: Cataluña, País Vasco y Galicia.

El ex ministro del gobierno Zapatero, Miguel Sebastián,  ha sido el último en dar voz a la idea de suprimir catorce de las CC.AA. Yo abordaré el asunto en los próximos días. El codueño José García Domínguez lo hacía hoy en el ABC-Cataluña.

¿Café para tres?

José García Domínguez

Inopinados compañeros de cama, Miguel Sebastián , la derecha extrema más castiza y los nacionalistas de Convergència coinciden en postular lo mismo, el final del café para todos. Desde muy antiguo es sabido, nada hay que ponga más de los nervios a un dirigente de CiU que la cafeína; al punto de que la menor alusión al café para todos suele privarlos del sueño durante semanas. No ha mucho, lo vino a refrendar tal que así el líder de Unió: “El debate que la sociedad española y los partidos políticos de ámbito estatal deberían atreverse a afrontar es si tiene sentido tener diecisiete autonomías”. Todo un despropósito, según parece, el que los nativos de Lugo, Sevilla o Zamora no resulten ser menos que los de Gerona y los de Vic.

(Continuar lectura: http://www.abc.es/catalunya/politica/20140413/abci-cafe-para-tres-201404122125.html )

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La salida canadiense: el embalse

Hoy dedico un artículo en LD a los partidarios de una salida canadiense para el problema catalán. Es un esbozo de réplica a la posición que mantienen, entre otros, José María Ruiz Soroa, Joseba Arregi y Francesc de Carreras, todos ellos autores  por los que tengo admiración y aprecio. Ahora bien, su análisis del asunto y su propuesta no me convencen nada. Como digo en la columna, creo que sobreestiman el arraigo del independentismo (el problema) y subestiman los riesgos de mantener una puerta abierta para marcharse de España (la solución que proponen).

Su visión del estado de cosas se me  representa como un embalse:  el embalse está a punto de rebosar debido a la crecida  a favor de la independencia en Cataluña, así que hay que darle una salida, abrir un cauce para que el exceso se evacúe, de lo contrario las aguas rebosarán más y más, y provocarán graves daños en el entorno.

Mi visión del asunto es distinta, y  la represento con la marea, que es fenómeno cíclico y fenómeno en movimiento: no se estanca, nada queda embalsado,  es dinámico y puede cambiar; es decir, puede cambiar también en sentido contrario al ascenso, como ya ha sucedido.

La crecida del independentismo  está tan relacionada  con factores coyunturales (como la crisis económica) que el independentismo en serio, no como fantasía, se ha vuelto hegemónico en Cataluña en los últimos tres años, a lo sumo cuatro. Y hegemónico no quiere decir que cuente con el apoyo de una mayoría clarísima y absoluta de la población, que  está, grosso modo, dividida por la mitad al respecto.

En ningún caso me parece sensato abrir la vía para que se celebren cada tanto en España referendos consultivos sobre la continuidad de España. Pero hacer algo de tanto calado y de efectos tan imprevisibles a fin de darle salida a un fenómeno que es perfectamente mutable, casi me parece el colmo de la insensatez.

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Los tiempos de la Pasionaria pasaron (En VLC News)

Se comprende que el Partido Socialista esté preocupado por el mordisco electoral que le puede dar Izquierda Unida. La retórica estridente que está gastando su candidata Elena Valenciano tiene, sin duda, ese trasfondo. Y tiene serios problemas. Uno es lo inverosímil que resulta doña Elena haciendo de Pasionaria. Otro es que la demagogia siempre tiene un precio cuando se es partido de gobierno.

(Seguir leyendo: http://vlcnews.es/2014/opinion/los-tiempos-de-la-pasionaria-pasaron/ )

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El informe PISA y la ley del mínimo esfuerzo

Algunos resultados del informe PISA, el  que evalúa la capacidad de los alumnos para desenvolverse en asuntos prácticos,  son tan inverosímiles (como los problemas para manejar un mp3, artilugio ampliamente usado por la peña adolescente), que deberían llevar a plantearse una cuestión previa: ¿y si los alumnos españoles están aplicando a los tests del informe PISA, a la hora de hacerlos, esa ley del mínimo esfuerzo que, salvando sus excepciones, suelen obedecer por norma?

Esto es, visto desde el alumno: ¿para qué esforzarse por responder a un cuestionario, por hacer un examen, como ése es, que total no puntúa en la nota?

Es una hipótesis. Pero una hipótesis coherente con otras actitudes visibles o notables en la enseñanza, y en relación con  ella. Sólo vendría a confirmar, por lo demás, que los problemas de la enseñanza no son tanto de contenidos, de programas, de dinero, como de actitudes, de valores, de filosofía subyacente. La demolición del valor del esfuerzo, en todo caso, no se ha podido hacer solo en la escuela. Habrá sido imprescindible la cooperación de las familias.

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El resurgir del nacionalismo en Europa

El auge en Europa de ciertos nuevos partidos y otros no tan nuevos, como el Frente Nacional francés,  se ha analizado sobre todo -y yo modestamente también- como el resultado de una oleada de populismo cuyo factor desencadenante habría sido la crisis económica.

Esta visión tal vez haya conducido a relegar el hecho de  que muchos de esos partidos comparten un rasgo: el nacionalismo. Nada impide que populismo y nacionalismo caminen juntos y revueltos. El caso catalán es un buen ejemplo de ello. No hace mucho, Guy Sorman en uno de sus artículos sobre el populismo que viene (el que ya ha venido) incluía en tal categoría  a los independentistas catalanes.

La cuestión, no obstante, merece una segunda y hasta una tercera pensada, porque esto ha venido para quedarse un buen mal rato. En el Wall Street Journal, hace una semana, un artículo de John O’Sullivan, director del Danube Institute de Budapest y senior fellow del National Review Institute de Nueva York, hacía un análisis interesante del fenómeno, tomando como punto de partida la crisis en Ucrania.

Dejo estos dos párrafos, que tienen miga:

“Until recently, those voters for whom patriotism and the national interest were determining issues found comfortable homes in parties of both the left and the right. But that has gradually ceased to be true.

As parties of the left swapped their working-class identity for that of middle-class liberalism, they began to think patriotism vulgar, cheap and xenophobic. At the same time, mainstream parties of the right drifted unthinkingly into a posture that treated nationalist and socially conservative voters as somewhat embarrassing elderly relatives whose views could be safely ignored. Party leaders reasoned that their atavistic voters had nowhere else to go.”

El enlace al artículo: http://online.wsj.com/news/article_email/SB10001424052702303802104579451504265877512-lMyQjAxMTA0MDIwMjEyNDIyWj

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Traducción exprés de la cita:

“Hasta hace poco, los votantes para los que el patriotismo y el interés nacional eran asuntos decisivos se sentían cómodamente representados tanto por partidos de la izquierda como de la derecha. Pero esto ha dejado gradualmente de ser así.

Al tiempo que los partidos de izquierdas reemplazaban sus señas de identidad de clase obrera por las del progresismo de clase media, empezaron a considerar el patriotismo como algo vulgar, cutre y xenofóbico. De manera simultánea, los grandes partidos de la derecha se desplazaron maquinalmente a una posición que trataba a los votantes nacionalistas y socialmente conservadores como a esos molestos parientes ancianos cuyas opiniones pueden ignorarse sin problemas. Los dirigentes de los partidos pensaron que sus votantes ‘carcas’ no tenían otro sitio adonde ir.”

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